Los investigadores utilizaron tomografía sísmica, una técnica comparable a realizar un “TAC” del interior de la Tierra. Analizaron más de 130.000 llegadas de ondas sísmicas P y S correspondientes a unos 6.300 terremotos, principalmente de los episodios de actividad sísmica de 2004–2005 y 2017–2021. Esto permitió reconstruir la estructura del subsuelo de Tenerife hasta aproximadamente 20 km de profundidad.
El resultado más importante relacionado con el magma es la identificación, bajo la caldera de Las Cañadas y aproximadamente a 5 km de profundidad, de una zona donde las ondas sísmicas presentan velocidades anómalas: velocidades P y S bajas y una relación Vp/Vs elevada. Los autores interpretan esta anomalía como una estructura que podría corresponder a un importante reservorio de magma fonolítico.
Además, detectaron otras anomalías similares a menor profundidad, aproximadamente al nivel del mar, que podrían representar reservorios magmáticos más superficiales relacionados con las erupciones fonolíticas recientes de Tenerife. En cambio, el volcanismo basáltico de las tres dorsales de la isla parece estar alimentado de manera más directa desde fuentes situadas en el manto.
Otro descubrimiento importante es que la corteza terrestre se engrosa considerablemente bajo Las Cañadas: alcanza unos 17 km de espesor, frente a aproximadamente 10 km en otras partes de Tenerife. Esto muestra que debajo del complejo Teide–Las Cañadas existe una estructura profunda muy diferente del resto de la isla.
En pocas palabras: el trabajo proporciona evidencias sísmicas de que bajo la zona central de Tenerife existiría un sistema magmático organizado en distintos niveles, con un posible reservorio fonolítico importante alrededor de los 5 km de profundidad y zonas de almacenamiento más superficiales. Sin embargo, es importante matizar que detectar estas estructuras no significa que exista una erupción inminente; el estudio describe la arquitectura del sistema volcánico y no constituye por sí mismo una predicción eruptiva.
Puedes consultar el estudio científico original de Koulakov et al..
No hay una única “bolsa” enorme de magma como un globo lleno de lava líquida. El estudio sugiere un sistema de almacenamiento y alimentación de magma, con distintas zonas a diferentes profundidades.
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