El Monte Etna se sitúa en el límite convergente entre la placa Africana y la placa Euroasiática. La subducción de la litosfera oceánica por debajo de Sicilia provoca la fusión parcial del manto a profundidades de entre 80 y 120 km. Este proceso genera magmas de composición basáltica que ascienden hacia la superficie aprovechando un sistema de fallas y fracturas en la corteza terrestre. Esta dinámica geológica mantiene activo al volcán desde hace al menos 500.000 años.
El Monte Etna se encuentra en el contexto tectónico de la convergencia entre la placa Africana y la placa Euroasiática, en una región caracterizada por una compleja interacción entre procesos de convergencia, fallamiento y deformación de la corteza. El ascenso del magma hacia la superficie está favorecido por sistemas de fallas y fracturas que atraviesan la corteza bajo Sicilia.
El magmatismo del Etna es predominantemente basáltico y está relacionado con procesos de fusión parcial del manto y con la dinámica tectónica regional. La historia del sistema volcánico se remonta a varios cientos de miles de años, aunque el edificio volcánico actual es considerablemente más joven.
La infografía muestra un corte transversal de la estructura geológica del edificio volcánico y de su sistema de alimentación magmática:
Estratigrafía y basamento: En profundidad se encuentra el basamento geológico de Sicilia, sobre el que se disponen unidades sedimentarias y volcánicas. Sobre ellas se han acumulado sucesivas coladas de lava, depósitos piroclásticos —como cenizas y lapilli— e intrusiones magmáticas, entre ellas diques y sills. Las erupciones más recientes han formado las capas superficiales del edificio volcánico.
Reservorios magmáticos: En lugar de una única cámara magmática perfectamente definida, el Etna presenta un sistema de almacenamiento de magma distribuido a diferentes profundidades. Estos reservorios permiten la acumulación y evolución del magma antes de su ascenso hacia la superficie.
Red de conductos:
Alimentación magmática: El aporte recurrente de magma basáltico explica la elevada frecuencia de la actividad eruptiva del Etna.
Crecimiento y remodelación: El edificio volcánico cambia continuamente debido a la acumulación de nuevas coladas de lava y depósitos piroclásticos, así como a procesos de erosión y movimientos gravitacionales.
Riesgos geológicos: Los principales peligros asociados al Etna incluyen las coladas de lava, la caída de cenizas y otros piroclastos, las explosiones y fuentes de lava, las emisiones de gases y, en determinadas zonas, los procesos de inestabilidad de los flancos.
Según los datos y boletines del INGV (Istituto Nazionale di Geofisica e Vulcanologia, Osservatorio Etneo), durante junio de 2025 el Etna presentó episodios de actividad eruptiva que incluyeron actividad estromboliana, fuentes de lava y emisión de cenizas.
Inicio: La actividad eruptiva se inició a comienzos de junio de 2025, con actividad localizada en el área de los cráteres somitales.
Fenomenología: Se observaron episodios de actividad estromboliana y fuentes de lava, acompañados por emisiones de material piroclástico y columnas de ceniza.
Coladas de lava: Durante los episodios eruptivos se produjeron coladas que descendieron por sectores de las laderas del volcán.
Evolución: La actividad fue disminuyendo posteriormente, aunque el comportamiento del volcán continuó siendo objeto de vigilancia mediante la red de monitorización del INGV.
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